Ante el aumento de precios de la carne vacuna, surge la carne de burro como opción más económica. Sin embargo, el debate divide entre la viabilidad comercial, la legalidad y los tabúes culturales.
La noticia sobre el consumo de carne de burro como alternativa a la carne vacuna se viralizó en todo el país, generando dudas sobre si se trata de una realidad o una broma. El Gobierno nacional aseguró que fue una operación mediática para evidenciar la crisis económica, pero lo cierto es que, ante el incremento de precios de la carne vacuna, surgió en algunos lugares una alternativa de consumo más económica: la carne de burro.
En promedio, cuesta un tercio que el asado. La iniciativa de un productor patagónico, Julio Cittadini, propietario de Burros Patagones, comenzó con una habilitación especial para vender cortes de burro como experiencia piloto en Punta Tombo. El éxito fue inmediato: en pocas horas recibió pedidos de todo el país y agotó sus existencias.
La pregunta inevitable es: ¿se puede comer carne de burro? La respuesta rápida es que sí, pero la correcta no es tan sencilla. La Dra. Daniela Esturo, médica especialista en nutrición, recomendó conocer la procedencia del animal. “El consumo de carne tiene que ver con lo cultural. En Argentina, la fuente de proteína animal es principalmente la vaca, el pollo, el pescado y el cerdo, pero también se comen otros animales como conejo, liebre, jabalí o ciervo”, explicó.
En cuanto a lo nutritivo, señaló que “es una fuente más de proteína. No debe variar mucho nutricionalmente de otros animales, pero depende de la forma de crianza. Un animal en continuo movimiento va a tener menos grasa”. Además, advirtió sobre la importancia de la procedencia: “Cualquier carne es apta si la faena cumple normas sanitarias. Hoy los alimentos tienen más tóxicos que antes, como antibióticos y hormonas en las vacas”.
El debate culinario-económico también abarca la legalidad. El Código Alimentario Argentino, en su artículo 247, prohíbe el consumo humano de burro y solo habilita la faena para exportación a países como China y Rusia. Por eso, la experiencia de Cittadini requirió un permiso especial del ministerio de Producción.
La venta de carne vacuna viene cayendo: el año pasado la merma fue del 2,5% y en lo que va de 2026 el recorte es del 10%. El consumo per cápita está en su peor nivel en 20 años, mientras que los precios subieron un 70% en doce meses. En este contexto, la carne de burro podría representar una alternativa más barata, aunque culturalmente genera rechazo y preguntas sobre si es un cambio de hábito o una adaptación a la crisis.
