La actividad manufacturera argentina registra una contracción del 10% respecto a los primeros siete meses de 2022 y 2023, según estimaciones del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA).
La industria argentina llega a la segunda mitad de 2026 con una recuperación que aún no logra consolidarse. Según estimaciones preliminares del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), la actividad manufacturera acumula una caída del 2% frente al mismo período de 2025.
El dato interanual, un incremento del 1,4%, está explicado principalmente por una baja base de comparación. Para la UIA, la industria permanece estancada desde mediados de 2025. El rebote estadístico no alcanza para hablar de una recuperación genuina del entramado productivo, y cayó 10% en comparación a los primeros siete meses de 2022 y 2023.
En julio, los despachos de cemento cayeron 4,6% mensual y acumulan una baja del 3% frente a 2025. El Índice Construya retrocedió 0,8%. Ambos indicadores se encuentran más de 20% por debajo de los niveles de 2022, mientras que los despachos asociados a obras pequeñas acumulan una caída del 30% frente a aquel año. La producción de acero aumentó 3,4% mensual, aunque permanece 10,9% debajo de 2022. La industria metalmecánica avanzó apenas 0,1% y continúa 17,4% por debajo de ese año. El aluminio primario cayó 1,8% mensual, aunque acumula una mejora de 1% frente a 2025 y de 17% frente a 2022.
Los datos oficiales del INDEC para junio muestran que la producción industrial manufacturera creció 2% interanual y 0,9% frente a mayo. Sin embargo, el primer semestre terminó con una caída acumulada de 2,2% y un nivel de actividad todavía 11% inferior al de 2022.
Un informe del IADE, elaborado con datos oficiales del INDEC y ARCA, señaló que las importaciones de bienes de consumo alcanzaron US$ 5.362 millones durante el primer semestre de 2026, el máximo para un primer semestre en la serie histórica. Representaron además el 15,1% de las importaciones totales, la mayor participación desde 2004.
La política económica actual apuesta a la apertura comercial, la desregulación y la reducción del Estado como mecanismos para aumentar la competitividad. La mayor entrada de productos terminados puede beneficiar al consumidor en determinados rubros, pero también amenaza con profundizar la pérdida de mercado de fabricantes locales si no existe una mejora equivalente en productividad, financiamiento e inversión.
