Soy ignorante en el tema de autismo. Como persona de a pie, conocí un par de veces a jóvenes con esta neurodiversidad y me costó encontrar una forma de entrar en comunicación. Como editor, publiqué historias de padres que contaban la educación de un chico autista. Y también a gente que, para mí algo totalmente novedoso, fue diagnosticada de adulta por algo que yo hubiera definido como signos leves, pero que -me parece- no se debiera decir con esas palabras. Corrección científica o no, es una forma de saber de qué hablamos.
Y hoy aparece un muchacho que cuenta cómo le cuesta reconocer emociones o relacionarse, a la vez que muestra una inteligencia sorprendente y -nunca lo hubiera imaginado- asocia la neurodiversidad a la militancia social, a una minoría que se siente oprimida. Con una mirada propia del escepticismo, lo primero que pensé es “¿Pero aquellos que no pueden interactuar o expresarse?”. Y luego reflexiono: “¿Y los que sí?”. No todos lo logran, pero al grupo que tiene esa posibilidad de buscar su espacio, démosle cabida.
Curioso, este pensamiento me hizo recordar una polémica que solía haber en las redacciones: ¿el periodismo debe ser la voz de los que no tienen voz -como se dijo tradicionalmente- o el periodismo está para que se haga oír la voz de aquellos que no la tienen? La diferencia es más profunda de lo que parece: en el primer caso, hay una intermediación; en el otro, un acercar los medios para que puedan expresarse en forma directa. Creo que ambas lógicas son complementarias: se necesitan medios con editores y periodistas que analicen y evalúen qué hechos nos condicionan como sociedad y también fomentar -para eso las FM, las redes sociales- los formatos directos porque enriquecen la pluralidad.
Hoy pensamos la democracia ateniense como ícono de la representación directa, pero había muchas personas excluidas (mujeres, esclavos, residentes extranjeros). Para un modelo superador, vaya una propuesta: ampliar la participación -sin exclusiones que a veces pasan desapercibidas-para ampliar nuestra mente.
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