Esta semana se conoció que la matrícula de la carrera de Geología en la UNCA pasó de 30 a más de 100 estudiantes en pocos años. El dato es llamativo más allá de los ámbitos académicos: es la señal de que una nueva generación de catamarqueños empieza a mirar hacia la minería como opción real de futuro laboral, y no al Estado como única alternativa de empleo. Un cambio cultural que merece atención.
La geóloga Cynthia Lamas lo explicó con claridad: muchos estudiantes consiguen trabajo incluso antes de recibirse. La carrera ofrece orientaciones en agua, ambiente, minería y riesgos geológicos, y la provincia funciona como un campo de entrenamiento gracias a sus volcanes, geoformas únicas y yacimientos. Otro dato significativo: la mayoría de los estudiantes son mujeres, rompiendo el estereotipo de una disciplina históricamente masculina. La ecuación es concreta: la minería requiere personal capacitado, las herramientas para formar profesionales aptos para esos espacios están y hay una población interesada en cubrir esa demanda.
Sin embargo, estos procesos de capacitación llevan su tiempo y cubrir hoy toda esa demanda se torna imposible. En Andalgalá, el intendente Eduardo Córdoba insiste en el cumplimiento de la ordenanza municipal que exige 80% de mano de obra local en proyectos mineros. El planteo es legítimo: si hay un proyecto minero en desarrollo, la comunidad debe beneficiarse.
Pero la realidad es más compleja y no se resuelve con una ordenanza municipal. El problema de fondo es que no existe en la población local suficiente mano de obra capacitada para los requerimientos técnicos que demanda la minería moderna. No alcanza con querer contratar: hay que poder hacerlo con personal formado. Y ahí es donde la universidad, los institutos técnicos y la capacitación continua se vuelven estratégicos.
Esta semana se conoció que la matrícula de la carrera de Geología en la UNCA pasó de 30 a más de 100 estudiantes en pocos años. Esta semana se conoció que la matrícula de la carrera de Geología en la UNCA pasó de 30 a más de 100 estudiantes en pocos años.
La ordenanza del 80% es un objetivo correcto, pero solo será alcanzable si Catamarca invierte no solamente en abrir las carreras que la minería demanda, sino también en brindar acompañamiento académico y condiciones básicas para que los estudiantes puedan sostener sus estudios. Tampoco basta con que crezca la matrícula de Geología, también hacen falta técnicos en minería, operadores especializados, profesionales en seguridad e higiene, expertos en gestión ambiental. Y esa formación lleva sus años.
Catamarca tiene una geología de clase mundial, proyectos mineros en marcha y una generación dispuesta a formarse. El desafío está planteado para todos los actores: el Estado debe invertir en educación técnica y universitaria; las empresas deben comprometerse con programas de capacitación continua; y las comunidades deben entender que la contratación local será una realidad solo si hay mano de obra preparada. O invertimos hoy en formación, o la ordenanza del 80% seguirá siendo un reclamo justo, pero irrealizable.
