La cadena de panaderías cesó sus operaciones este viernes tras meses de concurso preventivo. Los empleados recibieron un mensaje a las 3:56 de la madrugada y al llegar a los locales encontraron las cerraduras cambiadas.
La cadena de panaderías Pandanés cerró este viernes sus 25 sucursales y dejó sin empleo a alrededor de 150 trabajadores, en el marco de una crisis financiera que la llevó a solicitar su propia quiebra. Los empleados se enteraron de la decisión a las 3:56 de la madrugada mediante un mensaje de WhatsApp que les indicaba que no debían presentarse a trabajar. Al llegar a los locales, muchos encontraron las puertas cerradas y las cerraduras cambiadas, sin poder ingresar para retirar sus pertenencias personales.
El mensaje que recibieron los trabajadores fue explícito sobre la magnitud de la crisis: «La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante. Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable». La empresa confirmó además que «a partir de hoy, 2 de octubre, no deberán presentarse a trabajar».
El cierre se produjo después de meses de deterioro financiero. Pandanés había ingresado en concurso preventivo a fines de 2025, cuando declaró activos por $2.206,6 millones y un pasivo de $1.218,9 millones. La firma había fijado el 15 de octubre de 2025 como fecha de inicio de cesación de pagos, cuando fue rechazado un cheque diferido por $3,85 millones. En su presentación judicial, la empresa atribuyó la crisis a «la incertidumbre, la recesión, la inflación y el incremento significativo en los costos», que ocasionaron «una caída abrupta y persistente del consumo, que supera el 50% del volumen histórico».
Días antes del cierre definitivo, la empresa ya había bajado las persianas de dos sucursales: una en avenida San Martín, Villa Crespo, y otra en la calle Sanabria, Villa Devoto. En ese momento, los trabajadores fueron informados de que la decisión se debía a que «el alquiler era muy caro y no podían renovarlo». Sin embargo, el viernes la medida se extendió a toda la red comercial.
Una de las trabajadoras despedidas, Analía Centeno, relató que el mensaje llegó al grupo general de empleados a las 3:56 de la madrugada y que, al acercarse al local, encontró «doble candado» y no pudo retirar sus pertenencias. «Nos cambiaron la cerradura, nuestras cosas están adentro», expresó otra trabajadora frente a la sucursal de Pueyrredón y Arenales, en Recoleta. Los empleados denunciaron que no recibieron cartas documento ni comunicación formal, y que la información llegó únicamente por WhatsApp y de una persona cuya identidad desconocían.
Los trabajadores también señalaron que la empresa depositó los sueldos de septiembre y el aguinaldo pendiente de junio el miércoles previo al cierre, pero que no realizó los aportes jubilatorios, las cargas sociales ni los pagos a la obra social, y que no se pagaron indemnizaciones. Un empleado relató que, aunque conocían la situación del concurso preventivo, desde la empresa les decían que «iban a llegar fondos de rescate de Dinamarca».
El colapso de Pandanés se enmarca en una crisis crítica que atraviesa el sector panadero a nivel nacional. Según la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), las ventas de pan tradicional cayeron entre un 50% y un 60%, mientras que la demanda de facturas y productos de pastelería se desplomó un 80%. «La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo», alertaron desde la entidad. La empresa, que nació en 2016 como un emprendimiento artesanal de la danesa Lise Lundme Funch en una cocina alquilada de San Telmo, llegó a operar 25 locales y una planta industrial de 1.700 metros cuadrados diseñada para abastecer hasta 50 sucursales.
