Un análisis de la Odisea de Homero sirve como marco para describir las decisiones económicas que enfrenta el gobierno argentino, donde la estabilidad macroeconómica y la protección del empleo aparecen como opciones contrapuestas.
La Odisea, el relato de Homero sobre el regreso de Ulises a su reino de Ítaca tras la guerra de Troya, narra las sucesivas amenazas que intentan apartarlo de su objetivo. En varios tramos de la epopeya, el héroe y sus hombres enfrentan tempestades, naufragios, hechizos y tentaciones, utilizando astucia, inteligencia y perseverancia. Su único propósito es regresar a su patria, donde sus raíces, su esposa Penélope y su hijo Telémaco le dan sentido a su existencia.
Entre los peligros marítimos que Ulises debe enfrentar se encuentran Caribdis y Escila. Caribdis es un remolino que engulle embarcaciones enteras; Escila es un monstruo de varias cabezas que devora a algunos tripulantes, permitiendo que la nave y el resto de la tripulación continúen. Ante la falta de alternativas, Ulises elige enfrentar a Escila, calculando que el sacrificio parcial le permite continuar su viaje.
Este dilema se traslada al ámbito económico. Según concepciones clásicas, una economía opera con recursos limitados, desequilibrios fiscales, inflación, desempleo o restricciones externas. En ese marco, las decisiones pueden implicar mejorar una variable a costa de otra: estabilidad macroeconómica versus empleo, reducción del gasto público versus prestaciones sociales, control de la inflación versus nivel de actividad.
En ese esquema, algunos sectores pueden ser considerados un costo necesario para alcanzar un objetivo considerado superior. La referencia a atarse al palo mayor, como hizo Ulises para resistir el canto de las sirenas, ilustra la rigidez de tales convicciones.
En la economía actual, los actores que deciden los destinos son el mercado y las políticas económicas. La doctrina del laissez faire sostiene que la libre interacción entre individuos y mercado encuentra espontáneamente el equilibrio en producción, precios, inversión y comercio. Sin embargo, Adam Smith admitía ciertas intervenciones del Estado, y John Maynard Keynes propuso políticas activas para gestionar la demanda.
Keynes afirmó: “En el largo plazo, todos estaremos muertos”. Esta frase se cita para señalar la incertidumbre sobre los resultados de las políticas económicas a largo plazo.
El relato concluye que el único que sobrevivió fue Ulises, aunque se reconoce que la gente decidió subirse a los barcos y lanzarse al mar.
