Un relevamiento de la actividad comercial y la venta en espacios públicos generó un cruce de posturas entre dueños de locales habilitados y feriantes, en el marco del cierre de comercios en la zona céntrica de la Capital.
En ese marco, el relevamiento de la actividad comercial y la venta en espacios públicos creó un cruce inesperado, por un lado los requerimientos para mantener a flote un local, los costos que los superan en creces y el emprender desde cero buscando ventas a sol y sombra.
Cierres inesperados
Sobre las causas del cierre de locales se contempló que el problema no es uno solo y que se trata de una combinación de factores, donde entra en juego el costo altísimo de alquileres en lugares en donde no hay el mismo nivel de tránsito de personas.
Costos por las nubes
Hablando de valores de la zona peatonal y céntrica, los alquileres sufren una variación importante con una base de 2 millones hasta los 6 millones de pesos por un local pequeño. Sin embargo, alquilar el local no lo es todo, los costos crecen cuando se comienza a contemplar el pago de los servicios como la luz y el agua, llegando a tener un precio de más de medio millón, dependiendo del lugar y la época del año. A su vez, se sumaron las mutaciones en los hábitos de consumo y de asimetrías impositivas a nivel local. En ese sentido, varios vendedores destacaron preocupación por las ventas en negro y la obligación de bajar los precios o crear promociones para tener mayores ventas.
La mirada del comercio
En un relevamiento de opiniones y distintas situaciones, una comerciante de la zona alta de la Capital, consultada sobre el cierre de locales en el centro y sobre cómo evalúa el comportamiento de los clientes, respondió: «La verdad, que te causa tristeza o te causa una sensación fea por el hecho de todos los comercios que vos estás viendo que están cerrando. Se ve feo eso». Sobre el estado de la economía, agregó: «Para mí que estamos mal, porque la gente ya no está comprando como antes, empezó a priorizar alimentos o cosas básicas, y ya no vienen a comprar por ahí lo que es ropa, o no como antes, en la cantidad de antes». La consulta remarcó, además, que los locales habilitados pagan impuestos, mientras que la venta en una feria se realiza «a libre demanda», sin ese tipo de cargas.
Al ser consultada sobre el aumento de feriantes en las plazas y en las calles, la comerciante diferenció su postura. «Está bien, apoyo en el sentido de que cada persona quiere tener ingresos y está bien respecto a los feriantes. Es importante que todos tengan un lugar para poder tener aunque sea para comprar pan», planteó, aunque remarcó tener miedo por la situación actual: «Tengo miedo, de despertarme y que el local haya cerrado» afirmó. Respecto a las bajas laborales vividas, la comerciante fundamentó su rechazo en que un local habilitado también funciona como fuente de trabajo. «Un comercio también le sirve como una fuente de ingresos, tanto para el comerciante como para los empleados, todo», sostuvo. A esa apreciación agregó que los comercios formales, a diferencia de los puestos callejeros, deben afrontar el pago de un alquiler y otras obligaciones que los feriantes no enfrentan. De todos modos, la comerciante reconoció que la comparación entre ambos formatos no es sencilla. «Están pagando también un alquiler. Y si lo comparás con algún feriante no sé si podes hacer un balance», concluyó, en referencia a la diferencia de costos entre sostener un local habilitado y vender desde la vía pública.
Siguiendo con las opiniones, un comerciante que lleva más de 20 años vendiendo joyas en la peatonal afirmó que las ventas fluctúan, teniendo más movimiento los días festivos como el día de la madre o día de la mujer: «Acá se mueve más para día de la madre y eventos así. En términos generales vendemos pero no como antes, ahora se prioriza comer antes que comprar un anillo o una pulsera. Varios se esfuerzan por dar un detalle para sus seres queridos» confirmó. En contra punto, un vendedor de cosas de bazar confirmó que su negocio puede salir a flote diariamente: «Por suerte nos va bien, hay días que no pasa nada pero otros estamos tapados de trabajo y no damos abasto. Nos salva vender cosas de bazar la gente compra cosas chiquitas y baratas» afirmó y continuó diciendo «Fue muy triste para mí ver locales cerrar, especialmente el de mi hermano, el cual lo había hecho con esfuerzo, a veces no basta con las ganas de vender».
Un lugar en la Plaza
En otra arista, un feriante que ya tiene un lugar fijo en La Plaza 25 de Mayo aseguró estar preocupado por el cierre de los comercios y valoró las dificultades de ser emprendedor: «Es difícil ser emprendedor, no solo porque empezás de cero con todo, sino que también es difícil salir a vender. En mi caso siempre salgo con algo de mi emprendimiento en la mochila y los ofrezco por todos lados» y continuó diciendo «Logré obtener un lugar en la plaza y vengo todos los viernes, pero es cierto que estás al intemperie con una carpa que te respalda y nada más, es aguantar viento, lluvia y calor». En la misma línea, una feriante criticó fuertemente lo difícil que es tener un lugar y mantenerlo: «Me corrieron muchas veces, justificándose que el lugar era solo para los que vienen siempre y que tenía que anotarme en un listado para poder vender en la plaza. Luché por este lugar y me costó quedarme».
La otra cara de la crisis comercial de la provincia
Aportando una opinión completamente diferente sobre la crisis, desde el bloque de concejales de LLA se planteó que una nueva oportunidad nació ante el panorama. La concejal Eleonora Sopaga cuestionó el rechazo de un proyecto propio para digitalizar los trámites y permisos de los feriantes. «Presentamos un proyecto para dar igualdad de oportunidades a todos los emprendedores», señaló, y afirmó que la iniciativa fue archivada por el municipio. Por otro lado, remarcó que no hace falta pertenecer a una agrupación ni pagarle para vender en una feria, y sumó testimonios de emprendedores que denunciaron maltrato y el cobro de dinero para mantener un lugar en la plaza: según un relato, una agrupación cobra «10.000 pesos mensual por estar en la plaza» a cambio de un espacio. «Nadie puede venir a lucrar con vos», al denunciar aprietes a los feriantes.
Por otro lado, el concejal Diego Figueroa difundió un video en el que cuestionó la lectura de crisis sobre el cierre de locales en la peatonal, y lo presentó, en cambio, como una oportunidad de negocio. «A esta gente realmente le conviene pagar 30 millones de pesos un local, pagar impuestos, pagar la luz, contratar empleados, pasar por el tedioso trámite de la habilitación municipal y competir», planteó, en contraste con la posibilidad de vender en la plaza «sin pagar absolutamente nada». «¿Seguro que es crisis o es oportunidad de negocio?», concluyó. Como ejemplo, mencionó un local que antes funcionaba como heladería y que, tras su cierre, fue ocupado por una panadería que describió como «una de las más emblemáticas» de Catamarca.
