El 4 de julio, el Obelisco de Buenos Aires fue escenario de un espectáculo con drones y luces para celebrar los 250 años de la independencia de Estados Unidos, organizado por el Gobierno porteño. Cinco días después, el Día de la Independencia Argentina transcurrió con menor visibilidad de símbolos patrios.
El 4 de julio, el Obelisco de Buenos Aires se iluminó con los colores de la bandera de Estados Unidos y cientos de drones dibujaron en el cielo la bandera norteamericana, la Estatua de la Libertad y otros símbolos de ese país. El espectáculo, organizado en el marco del programa internacional “Freedom 250” por los 250 años de la independencia estadounidense, contó con la autorización y el acompañamiento del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que encabeza Jorge Macri.
El evento incluyó drones, luces, música y producción técnica en el Obelisco, uno de los símbolos urbanos más reconocibles de la Argentina. Hubo críticas en redes sociales, pero en términos generales la sociedad lo naturalizó: muchos lo celebraron y otros lo dejaron pasar.
Cinco días después, el 9 de julio, Día de la Independencia Argentina, se observó una menor presencia de escarapelas y símbolos patrios en la vida cotidiana. La costumbre de usar escarapela en escuelas, oficinas, comercios y transportes públicos, que durante décadas fue habitual, se ha ido reduciendo.
El autor sostiene que la independencia se erosiona cuando una sociedad deja de emocionarse con su bandera, sus héroes y su historia. No se trata de estar en contra de Estados Unidos, sino de preguntarse por qué una celebración extranjera moviliza un gran despliegue y genera poca discusión, mientras las fechas patrias locales pierden presencia.
