Un grupo de vecinos de la avenida Güemes Oeste manifestó su malestar por los ruidos molestos y disturbios generados por dos locales nocturnos, y cuestionó la respuesta de la Municipalidad.
Un grupo de vecinos de la avenida Güemes Oeste manifestó su creciente malestar ante los ruidos molestos y los disturbios ocasionados por dos locales nocturnos situados en la intersección con la calle General Díaz: los boliches Zama y Güemes.
Según el relato de los damnificados, el conflicto principal radica en los altos niveles de volumen y las vibraciones que emanan de los establecimientos. A pesar de haber intentado establecer un canal de diálogo directo con los propietarios de los locales, los vecinos aseguran que no se ha logrado ninguna conciliación ni reducción en la intensidad del sonido.
Uno de los puntos de mayor fricción es la aparente inacción de las autoridades municipales. «Hemos hecho varios reclamos a la Municipalidad y no tenemos solución. Nos dicen que los decibeles son bajos, pero es algo inaudito; si fuera así, no estaríamos protestando. Es una locura lo que padecemos», señaló uno de los voceros del grupo afectado.
Además de la contaminación sonora, los vecinos denunciaron las consecuencias del flujo de personas en las inmediaciones. Aunque la actividad finaliza a las 5:00 a.m., los ruidos persisten hasta dos horas después debido a la permanencia de los clientes en la calle. Advierten que en la zona residen personas mayores con problemas de salud que ven vulnerado su derecho al descanso.
El reclamo escala a un plano legal y urbanístico, ya que los habitantes sostienen que la avenida Güemes Oeste está catalogada como zona residencial según los cánones municipales vigentes. «Nos cobran impuestos como zona residencial, por lo cual estos locales no deberían estar en funcionamiento aquí», explicaron, comparando su situación con los conflictos ocurridos anteriormente en la avenida Galíndez.
Finalmente, los vecinos aclararon que su intención no es oponerse al desarrollo comercial de la zona, sino lograr una convivencia armónica. «No somos retrógrados, queremos el progreso del barrio, pero eso no significa que debamos vender nuestras casas e irnos. Vivíamos aquí mucho antes de que se instalaran los boliches y exigimos que se respeten las normas y nuestro derecho a vivir en paz», concluyeron.
