Las estructuras fueron encontradas completamente vandalizadas, con imágenes religiosas dañadas, floreros rotos y ofrendas saqueadas, dejando una escena que causó conmoción entre quienes transitan habitualmente por el lugar. Las grutas constituían un espacio de recogimiento y expresión de fe para numerosos creyentes.
Uno de los espacios destruidos había sido erigido en honor a la Virgen del Valle y era visitado de manera constante por peregrinos que, durante su recorrido hacia el Santuario de la Catedral Basílica, se detenían a rezar y dejar ofrendas. Su destrucción fue interpretada como una grave ofensa al sentimiento religioso.
Mientras crece el reclamo por mayor cuidado y respeto hacia los lugares religiosos, el episodio en la Cuesta de El Portezuelo deja tristes a quienes consideran a estas grutas parte del patrimonio espiritual y social de Catamarca.
