El filme del director mexicano plantea una contradicción entre el conocimiento científico sobre el cambio climático y la dependencia de los combustibles fósiles. Un abogado especialista en derecho ambiental analiza la película y su vínculo con la realidad.
La película Digger, dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu, presenta una catástrofe ambiental desencadenada por un magnate petrolero que provoca el desprendimiento de un iceberg en el Ártico. Según la trama, el bloque de hielo, cinco veces el tamaño de Washington D. C., avanza hacia Europa y amenaza con generar un tsunami con cientos de muertos y más de un millón de desplazados.
El texto original, publicado con la firma de Luis Castelli, abogado especialista en derecho ambiental y miembro fundador de la Fundación Naturaleza para el Futuro, sostiene que la película se aproxima al hiperrealismo. “Vivimos en una sociedad que dice estar preocupada por el cambio climático y, al mismo tiempo, requiere cada vez más energía, más combustible”, afirma Castelli.
El autor señala que las respuestas de los gobiernos al cambio climático son previsibles y no ofrecen soluciones profundas. Menciona que la solución parece consistir en cambiar las bombillas, mientras el crecimiento económico y la expansión del consumo siguen siendo objetivos incuestionables.
Castelli cita al filósofo francés Bruno Latour, quien en su ensayo “¿Por qué la crítica se ha quedado sin fuerza?” plantea que el pensamiento crítico ha terminado proporcionando herramientas a quienes niegan la realidad. Según el autor, se ha instalado una desconfianza generalizada hacia políticos y científicos.
El texto reproduce un diálogo de la película en el que el magnate se dirige a legisladores europeos: “Quieren conducir usando combustibles baratos, mantener las luces encendidas, la calefacción y el aire acondicionado funcionando, quieren boletos rebajados a Mallorca, quieren que les entreguen en dos días porquerías que no necesitan, quieren energía para que la inteligencia artificial resuelva los mismos desastres que está inventando, quieren cargar la batería del celular para ver TikTok y YouTube”. Y agrega: “Quieren la libertad para vivir sus vidas insostenibles. Les encanta el petróleo. Dejémonos de estupideces”.
Castelli concluye que la película no trata solo sobre la crisis climática, sino también sobre “nuestra incapacidad para reconocer la realidad, asumir responsabilidades y actuar frente a lo que sabemos”. Y cita una declaración de Iñárritu: “Esta película es una película de catástrofes. Pero la catástrofe somos nosotros”.
