Un repaso por la situación de la Dirección de Antropología, la Escuela de Arqueología de la UNCa y la preservación de bienes culturales en la provincia.
La provincia de Catamarca cuenta con un marco normativo para la protección de su patrimonio arqueológico y paleontológico. La Dirección General de Antropología, creada en 1985 con sede en Andalgalá y actualmente dependiente del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte, es el organismo de aplicación de la Ley 3223/77, modificada por la Ley 4831/95, que regula la propiedad provincial de bienes culturales y científicos.
Según información proporcionada, la Dirección tiene entre sus funciones la custodia de los museos arqueológicos y antropológicos, la promoción de la investigación científica y la conformación de recursos humanos en el área. Sin embargo, actualmente cuenta con seis licenciados en Arqueología en su planta, a los que se suman los responsables de los museos de La Puerta, Andalgalá, Capital, Santa María, Fiambalá, Tinogasta, Laguna Blanca, Antofagasta de la Sierra y Shincal de Quimivil, de los cuales solo cuatro son licenciados en Arqueología.
De los 16 departamentos y 36 municipios que conforman la provincia, más de la mitad no dispone de arqueólogos ni museos, de acuerdo con los datos relevados. La Dirección no cuenta con camionetas propias, equipos de comunicación ni presupuesto específico para recorrer los aproximadamente 100.000 km² de la provincia, ni personal para tareas de rescate, control o relevamiento.
En el ámbito académico, la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa) otorga títulos en Arqueología, Patrimonio Cultural y Antropología Social y Cultural. Fuentes consultadas señalaron que la matrícula ha disminuido y que egresan entre cuatro y cinco alumnos por año, debido a la limitada salida laboral para los profesionales, que en muchos casos deben insertarse como becarios o en la docencia.
El patrimonio arqueológico de Catamarca incluye sitios estudiados y otros aún no investigados científicamente. En este contexto, se ha planteado la posibilidad de que cada municipio cuente con un arqueólogo para relevar, preservar y poner en valor los bienes culturales, como paso previo a su eventual aprovechamiento turístico.
Respecto de los bienes que se encuentran fuera de la provincia, se mencionó el caso de Aroldo Rosso, quien trasladó piezas arqueológicas a Córdoba, con las que se creó el Museo Ambato en La Falda. Posteriormente, tras un robo en ese museo, las piezas habrían aparecido en poder del coleccionista Matteo Goretti.
En el campo de la paleontología, se recordó la expedición del Museo Field de Historia Natural de Chicago, liderada por Elmer S. Riggs, que en 1926 recolectó fósiles del período Terciario en territorio catamarqueño. Esos materiales se encuentran actualmente en Estados Unidos.
En cuanto a la actividad minera, se indicó que un ex director provincial de Antropología suscribió un Informe de Impacto Ambiental en el marco de la explotación de litio en la zona este de la provincia. El documento habría certificado que ningún sitio arqueológico se vería afectado por esa actividad.
Finalmente, se hizo referencia a la situación del Museo Arqueológico Condor Huasi, en Belén, fundado en 1944 por Eduardo Cura y donado a la provincia tras su fallecimiento. Según versiones recogidas en la localidad, la colección se encontraría en un depósito desde 2024, sin que se conozca su ubicación exacta.
