La administración de Javier Milei disolvió la AFI en 2024 y creó la SIDE con nuevas agencias. La ENI abrió la inscripción para la carrera de espionaje. En Catamarca se realizó un acto de «Las Fuerzas del Cielo».
El Gobierno nacional, encabezado por Javier Milei, disolvió en 2024 la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). El organismo fue reemplazado por la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), que integra el Servicio de Inteligencia Argentino, la Agencia de Seguridad Nacional, la Agencia Federal de Ciberseguridad y una División de Asuntos Internos.
Recientemente, el Gobierno llamó a inscribirse en la carrera de espionaje de la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), que depende directamente de la SIDE.
La SIDE tiene una carga histórica vinculada a los periodos más violentos y oscuros de la Argentina. Del 76 al 83 fue un engranaje fundamental del aparato represivo clandestino.
Durante el gobierno de Carlos Menem, la SIDE quedó envuelta en controversias tras los atentados contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994). Parte de su cúpula fue acusada de encubrimiento.
En 2000 se comprobó el uso de fondos reservados de la SIDE para pagar coimas a senadores y aprobar la reforma laboral durante la presidencia de Fernando de la Rúa.
El caso Nisman expuso la guerra entre servicios o agentes desplazados y llevó a disolver la vieja SIDE durante el gobierno de Cristina Kirchner, en un intento por limpiar el sistema.
El Gobierno de Milei negó las acusaciones sobre espionaje interno, pero creó el PIN (Plan de Inteligencia Nacional) asociado al espionaje ilegal y los «carpetazos» a empresarios y políticos opositores. Sus acciones se filtraron y el Gobierno culpó a la Comisión Bicameral de Inteligencia.
El Índice de Confianza del Gobierno (ICG) tocó su punto histórico de la gestión en julio de este año al descender 1,94 puntos. Con un rebote mensual estudiado desde agosto del 6,4 mensual, según datos de la agencia Poliarquía para la Universidad Torcuato Di Tella.
Con magro público desembarcó en Catamarca la legión de «Las Fuerzas del Cielo», el brazo armado ideológico de soldados que toman el desregulado campo digital como escenario de batalla. «Quiero dar las gracias a las Fuerzas del Cielo que están salvando a este país y están salvando esta provincia», esbozó un emisario local.
Los libertarios promueven las milicias para confrontar a los enemigos que paren con su política de recortes: las universidades, por ejemplo. Por otra parte, incrementa las partidas de asistencia social como la Asignación Universal por Hijo, mientras derrumba la actividad industrial: el sector fabril arrastra una caída acumulada del 8% y opera apenas con el 50% de su capacidad.
El semiólogo y escritor Umberto Eco, al recibir su doctorado Honoris Causa en junio de 2015 en Turín, formuló: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios».
El relato chino de Chang An, citado por Alejandro Dolina en su novela «Cartas Marcadas», describe cómo la población adoptaba otras apariencias para cometer excesos y atropellos, que luego no podrían serles imputados. La cosa se corrompió, y con el tiempo «los disfrazados prolongaban su impostura más allá de los días establecidos, y se entretenían en ocupar ajenos destinos en cualquier momento del año».
El final del relato, contado por Dolina, revela el vacío de los seres inconstantes:
– Ahora sentirás la energía que solo prospera al contacto con la persona amada ¿Sientes mi amor? ¿Oyes el rumor de mi sangre torrentosa?
– No siento nada.
La declamación final de un antiguo amor del príncipe de aquella ciudad, llevó a la mujer que lo había amado a la pérdida de su propia fe.
¿Será la Argentina, como aquella primigenia ciudad China, un país que ha perdido sus certezas jugando a los disfraces y a las imposturas?
