Ubicada a 720 m.s.n.m., la cuenca hidrogeológica de Pipanaco, en Catamarca, pasó de ser el bosque de algarrobos más extenso del mundo a un desierto salino. La deforestación, iniciada en el siglo XIX para abastecer la minería, junto a la explotación ferroviaria y forestal posterior, transformó por completo el ecosistema.
La cuenca hidrogeológica de Pipanaco, situada a unos 720 metros sobre el nivel del mar, es una depresión endorreica de aproximadamente 20.000 km². Abarca los departamentos de Pomán, parte de Belén, Andalgalá y una franja de Tinogasta. Está rodeada por las sierras de Ampatu al este, Fiambalá al oeste y el sistema Atajo/Aconquija al norte. La alimentan ríos y arroyos como el Vis Vis, Amanao, el río Belén y el Colorado, además de una conexión subterránea con el Campo del Arenal/de los Pozuelos.
Hasta principios del siglo XIX, la zona albergaba un bosque de algarrobos (Prosopis) considerado el más extenso del mundo, superior al Bosque de Pómac en Perú. Según relatos de habitantes de Pomán, Andalgalá y Belén, la densidad del follaje impedía que el sol llegara al suelo, creando un ecosistema diverso. Actualmente, la cuenca es árida, con balance hídrico negativo, baja calidad de agua y una economía local precaria basada en pequeña ganadería y cultivos. Las precipitaciones no alcanzan los 100 mm anuales y se prevé un agravamiento por el aumento de temperatura.
La transformación se atribuye a cuatro etapas históricas. La primera comenzó a mediados del siglo XIX, cuando el empresario inglés Samuel Fischer Lafone y su medio hermano Alejandro Ross Lafone adquirieron la mina Capillitas, en las laderas del Aconquija. Su hijo, Samuel Alejandro Lafone Quevedo, instaló plantas de procesamiento en Pilciao, al sur de Andalgalá, donde se fundió cobre, oro y plata utilizando algarrobos como combustible para los hornos. La empresa funcionó durante 40 años, pero la caída del precio del cobre, los impuestos y la demora del ferrocarril llevaron a su cierre.
La segunda etapa ocurrió con la llegada del ferrocarril, que utilizó la madera de algarrobo para fabricar durmientes. La tercera etapa correspondió a los aserraderos que producían pisos de parqué, los cuales se comercializaron en Buenos Aires, Estados Unidos y Europa. La cuarta etapa fue la expansión de plantaciones de olivos desde Pomán y La Rioja, que, según fuentes consultadas, terminaron de agotar los recursos hídricos.
En los últimos años, se implementó un plan de reforestación con fondos nacionales, pero los árboles plantados no sobrevivieron y los viveros quedaron abandonados.
