Varios establecimientos educativos de la provincia implementaron medidas de prevención tras detectarse mensajes intimidatorios, lo que generó una baja en la asistencia de alumnos.
La aparición de amenazas de tiroteo en baños de colegios de Catamarca generó una inmediata activación de los protocolos de seguridad previstos. Los mensajes, que se suman a una problemática registrada en otras jurisdicciones, encendieron las alarmas en la comunidad educativa.
En diálogo con La Mañana de El Esquiú (Radio El Esquiú 95.3), Carlos Díaz, secretario de Comunicaciones del Colegio Fasta, confirmó que la institución fue una de las afectadas. «La primera reacción es de una gran y profunda preocupación, pero nos obliga inmediatamente a ocuparnos del tema», expresó.
Tras el hallazgo, el colegio dio aviso a las autoridades educativas, a la Policía de la provincia y realizó la denuncia correspondiente ante la Justicia. Según indicó Díaz, el fiscal ya había dispuesto actuaciones de oficio. Además, se envió un comunicado a las familias para informar sobre la situación y solicitar su acompañamiento.
«En estos momentos, el acompañamiento de la familia es fundamental», sostuvo el directivo, al señalar que la prevención comienza fuera del ámbito escolar. Durante la jornada siguiente, se reforzó la presencia policial en los accesos y se incrementaron las medidas internas de control.
Aunque las clases se desarrollaron con normalidad, se registró una disminución en la asistencia de estudiantes. «Se notó una reducción en la cantidad de alumnos que asistieron», indicó Díaz, vinculando esta situación con la preocupación de los padres.
Desde la institución se remarcó la gravedad de estos hechos, más allá de que puedan tratarse de bromas o intentos de viralización. «No es un juego, es un hecho grave», afirmó el representante del Colegio Fasta, quien también advirtió sobre el rol de las redes sociales en la difusión de este tipo de conductas.
El episodio reabrió el debate sobre el uso de celulares en el ámbito escolar. Si bien el Colegio Fasta no aplica una prohibición estricta, trabaja en acuerdos con las familias para regular su uso, con foco en la responsabilidad y el respeto de los espacios.
Mientras se esperan lineamientos más amplios por parte de las autoridades educativas, las escuelas avanzan con medidas propias para sostener la seguridad y contener a la comunidad ante un fenómeno que genera preocupación creciente.
