En una entrevista exclusiva, el reconocido analista político Ernesto Calvo trazó un diagnóstico sobre la transformación del sistema de partidos en Argentina. A casi veinte años de haber anticipado la fragmentación del bipartidismo, Calvo evaluó el proceso que llevó de aquel escenario a la actual configuración, marcada por la crisis del peronismo como bloque unificado y la disolución de Juntos por el Cambio como coalición nacional.
De la ilusión bipartidista a la fragmentación
Calvo recordó que el modelo de dos partidos visible tras el retorno de la democracia fue, en gran medida, una «ilusión óptica» producto del conflicto con la dictadura militar y la transición. Según su análisis, las últimas cuatro décadas mostraron una dinámica constante de cambio. La hiperinflación de fines de los ochenta inició un ciclo de fragmentación, seguido por un proceso de «territorialización» de la política durante los años noventa, donde los gobernadores y poderes locales ganaron una relevancia inédita.
«La crisis de 2001 representó otro estallido», explicó el politólogo. «Desaparecieron los partidos tradicionales y emergieron espacios, movimientos y alianzas políticas. La etiqueta partidaria clásica comenzó a diluirse». Pese a esta volatilidad en las denominaciones, Calvo subrayó un dato crucial: la estabilidad del voto en el eje izquierda-derecha se ha mantenido, incluso en contextos de grave dislocamiento económico.
La era del enojo y la polarización afectiva
Al ser consultado sobre intentos de reconstruir estructuras partidarias sólidas al estilo del siglo XX, como el caso del PRO, Calvo fue contundente. «Es un error tratar de reproducir ese modelo en el contexto actual», afirmó. Argumentó que fenómenos nuevos, como el aumento del extremismo y una polarización intensa, expulsan las «fantasías tecnocráticas» que fueron populares en los noventa.
«Hoy el voto está muy afectado por el odio, el enojo y una activación polarizante de carácter emocional», sostuvo. «Esto no es compatible con aquel modelo de partido como equipo técnico. La polarización en Argentina es hoy mucho más afectiva que política».
El contraste con el caso estadounidense
Frente a la fragmentación latinoamericana y europea, Calvo analizó la excepción del bipartidismo en Estados Unidos. Aclaró que, si bien las etiquetas Demócrata y Republicana perduran, su interior vive una transformación profunda. «El nivel de fragmentación y polarización interna es atípico», señaló. Agregó que movimientos insurgentes han renovado drásticamente las dirigencias, generando una percepción de crisis sin paralelos en los últimos 150 años.
El politólogo concluyó reflexionando sobre el comportamiento del electorado. Citando estudios junto a Victoria Murillo, coincidió en que los votantes argentinos rara vez eligen basándose en plataformas políticas concretas. La decisión electoral, sugirió, responde a dinámicas más complejas donde los factores identitarios y emocionales juegan un papel preponderante, configurando un panorama donde la lealtad partidaria tradicional cedió paso a adhesiones volátiles y cargadas de afecto.
