Se fue un distinto: Ernesto Cherquis Bialo, el periodista que hizo del deporte una historia

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No todos los periodistas dejan una marca. Algunos informan, otros opinan. Y están los que trascienden. Ernesto Cherquis Bialo fue de esos. Murió este viernes, a los 85 años.

Durante más de seis décadas, su nombre fue sinónimo de periodismo en serio. De ese que no se apura, que no grita, que no necesita exagerar para ser escuchado. En tiempos donde todo parece inmediato y descartable, Cherquis representaba exactamente lo contrario: profundidad, memoria y estilo.

Había nacido en Montevideo, pero fue en la Argentina donde construyó su identidad. Desde muy joven entendió algo que no todos logran: que el deporte no es solo un resultado. Es una historia. Y él supo contarla como pocos.

Sus primeros pasos fueron en El Gráfico, de Editorial Atlántida, esa redacción mítica donde se formaron los grandes. No tardó en destacarse. Tenía pluma, tenía mirada y tenía algo más difícil de explicar: criterio. Con los años, llegó a dirigir la revista y desde ese lugar ayudó a moldear una manera de narrar el deporte que todavía hoy se estudia.

Pero lo suyo no quedó solo en el papel. Radio, televisión, debates, coberturas. Cherquis era de esos periodistas que no necesitaban levantar la voz para imponer respeto. Cuando hablaba, se escuchaba. Y cuando escribía, se leía.

El boxeo fue una de sus grandes pasiones. Tal vez porque lo conocía desde adentro, porque también había subido al ring. Esa experiencia le dio una sensibilidad especial para contar historias de lucha, gloria y caída. Sus textos sobre ese mundo siguen siendo referencia.

También tuvo un rol fuerte en los pasillos del poder del fútbol argentino. Fue vocero de la AFA durante la era de Julio Grondona, en años intensos, complejos, decisivos. Supo moverse en ese terreno sin perder del todo la mirada periodística, algo que no muchos logran.

Escribió libros, retrató ídolos y se metió en la intimidad de figuras como Carlos Monzón y Diego Maradona. No desde el golpe bajo, sino desde la comprensión. Sabía que detrás del mito siempre hay una persona.

Con el paso del tiempo, el periodismo cambió. Se volvió más rápido, más ruidoso, más fragmentado. Pero Cherquis nunca se corrió de su eje. Siguió creyendo en el valor de una buena historia, en el peso de las palabras, en la responsabilidad de contar.

Ernesto Cherquis Bialo.

Por eso su figura incomoda un poco en este presente. Porque recuerda que se puede hacer periodismo de otra manera. Mejor, incluso.

Se fue un maestro. De los que no abundan. De los que dejan escuela.

Y de los que, aun en el silencio, siguen enseñando.

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