viernes, 20 de marzo de 2026 01:24
“La locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”, decía Albert Einstein, y no hace falta ser Einstein para comprender lo que ocurre en esta Argentina cíclica, donde se tropieza tres millones de veces con la misma piedra a intervalos regulares. Los últimos indicadores oficiales señalan que la desocupación volvió a subir en la Argentina durante el último tramo de 2025 y alcanzó el 7,5% de la población económicamente activa, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El dato representa un incremento de 0,9 puntos porcentuales frente al tercer trimestre y de 1,1 puntos en comparación con el mismo período del año anterior, lo que equivale a más de 1,6 millones de personas sin empleo. Una auténtica tragedia social, que los números no alcanzan a reflejar, y sufren familias enteras que carecen o pierden su sustento, su alimento, su futuro.
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Nada, ni una gota de novedad hay en lo que sucede. La historia comenzó con el conservadurismo de fines del Siglo XIX, donde la oligarquía gobernante a fuerza de fraudes electorales impuso su modelo agroexportador para comprar artículos manufacturados en el exterior (aquello de vender el cuero para importar zapatos), con lo cual una pequeña elite se enriqueció y el resto se empobreció. Más tarde, cuando la palabra “conservador” ya era piantavotos, los conservadores se rebautizaron como “liberales”, teniendo como principal referente a Álvaro Alsogaray, quien fundó la UCD, curioso nombre del partido porque se llamaba Unión de Centro “Democrático”, justo Alsogaray que gobernó con cuanta dictadura le pasó cerca. Los mismos planes, los mismos desastres. Después se repitió la receta en la nefasta dictadura genocida, con la política de importaciones de José Alfredo Martínez de Hoz (1976-1981) que impulsó una apertura comercial indiscriminada, reduciendo aranceles y eliminando restricciones para “fomentar la competencia”. Esto provocó la desindustrialización, el cierre de miles de pymes y la entrada masiva de productos extranjeros.
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Más cerca en el tiempo, el modelo liberal lo repitió Carlos Menem, con su funcionario dilecto Domingo Cavallo y la UCD al mando de la economía, y condujo a la misma debacle. Se reversionó en el gobierno de Mauricio Macri, con la teoría del derrame, los brotes verdes y el segundo semestre de bonanza que nunca llegaría; hasta que Javier Milei desembarcó con la misma receta calcada, sólo que con un nuevo nombre: ahora todo es por la “libertad”. Y se cae en el mismo pozo de abrir importaciones, fundir a la industria nacional y que estallen el desempleo y la pobreza. Una recurrencia asombrosa para una película que todos saben cómo termina, donde no sorprende tanto que sea impulsada y reimpulsada por quienes resultan beneficiados, sino que vuelvan a conseguir el cándido respaldo de sus perjudicados directos.
El Esquiú.com
