domingo, 15 de marzo de 2026 01:27
Hace menos de dos semanas, Javier Milei le encomendó a Manuel Adorni una tarea en particular: autorizar con su firma los viajes de los miembros del gabinete al exterior. Fue a través de la Decisión Administrativa 9/2026, la misma que limitó las comitivas oficiales a “un máximo de un funcionario o una autoridad por cada evento internacional” con el objetivo declarado de “promover una gestión eficiente de los recursos del Estado”. A la primera de cambio, el exvocero hizo exactamente lo contrario y subió a su mujer, Bettina Angeletti, al avión presidencial rumbo al “Argentina Week” en Nueva York. Una foto del medio Radio Jai les cantó piedra libre a los dos juntos y Adorni no tuvo más remedio que salir a dar explicaciones. Fue entonces que se enterró en el barro. “Yo quería que mi mujer me acompañe”, dijo, porque “vengo una semana a deslomarme acá (SIC)”, en un intento por justificar el privilegio que se había otorgado a sí mismo. Para peor, reveló que Bettina había sacado un boleto de avión con destino la Gran Manzana por más de cinco mil dólares -que pagó él, lo mismo que los viáticos-, lo que levantó sospechas sobre el real patrimonio de la pareja. Además, se reveló que ambos volaron a Punta del Este, para carnaval, en un jet privado cuyo costo no baja de los diez mil dólares. A partir de la revelación del viaje de Angeletti y de la poco feliz aclaración posterior de Adorni, el abogado Gragorio Dalbón decidió presentar una denuncia por los supuestos delitos de malversación de caudales públicos, defraudación contra la administración pública, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público. Para Dalbón, el jefe de gabinete de mínima violó la ley que prohíbe la utilización del avión presidencial como una aeronave privada. Lo propio hizo más tarde la diputada exlibertaria Marcela Pagano. Su colega en la cámara baja, Esteban Paulón, presentó por su parte dos pedidos de informes, uno a través del Congreso y otro dirigido a la Secretaría General de la Presidencia para que el Gobierno haga públicos tanto el contrato del viaje como los gastos en Hoteles, los viáticos y el rol que la mujer de Adorni cumplió dentro de la comitiva.
La casta es el otro
Esa contradicción entre el mentado combate a la casta y una práctica típica de eso que se dice combatir le valió a Adorni la chicana de Victoria Villarruel, que aprovechó el traspié para volver a marcar diferencias con la Rosada. “El ajuste lo paga la política, jaja”, destiló veneno la vice desde sus redes sociales, donde compartió los recortes del jefe de Gabinete intentando explicar lo inexplicable. Adorni, el mismo que acusaba a los médicos del Hospital Garrahan, se dio varios gustos, porque los gustos hay que dárselos en vida. Por ejemplo, hizo nombrar a su hermano en Defensa con un sueldo millonario, armó un equipo con 250 empleados, y gastó 2,5 millones de dólares para mandar mensajes de texto y mails. Su antecesor en el cargo, Guillermo Francos, también salió a pegarle en el piso. Después de un largo silencio, Francos habló y al ser consultado sobre el tema, dijo, austero: “Yo viajé una sola vez en el avión presidencial”. En paralelo al asunto del pasaje, se filtró s el dato del costo aproximado del hotel cinco estrellas en pleno Manhattan donde se hospeda la pareja y el resto de la comitiva oficial. Las habitaciones van desde los 800 a los 6500 dólares por noche, y son casi departamentos, con baño en Suite. Hay canilla libre en champagne. El problema es que se estima que cobra unos 3,5 millones de pesos mensuales como jefe de Gabinete, con lo cual no hay manera de que los números cierren para justificar sus gastos de lujo. Para cerrar, una reflexión: “Es hermoso vivir del Estado. Más aún cuando lo mantienen los demás…”. ¿Quién lo dijo? Sí, Manuel Adorni, pero cuando todavía no era un peso pesado del oficialismo, sino apenas un ñoqui del Ministerio de Cultura durante el nefasto gobierno de Cambiemos. ¿Saldrá gratis este chiste, como el fetanilo, $LIBRA, las coimas de ANDIS, el apoyo narco en las campañas, etc…?
Recuerdos
El 15 de marzo de 1995, hace hoy 31 años, ocurrió un hecho jamás esclarecido y que conmovió al país: la violenta muerte de Carlos Menem Jr., hijo del entonces presidente de la Nación, Carlos Menem, que en más de una ocasión había visitado Catamarca. Hasta el día de hoy no se sabe con certeza si fue un accidente o un asesinato, y todo lo que envolvió la investigación de la caída del helicóptero en el que viajaba junto al automovilista Silvio Oltra, sólo aportó más confusión. El hijo del presidente fallecía a los 26 años, y nacía un misterio insondable y oscuro que nunca se develó. Zulema Yoma, madre de Carlitos, no dudó en afirmar que lo habían asesinado. Por distintas y confusas causas, morirían luego al menos catorce personas más, entre testigos, peritos y otras figuras relacionadas con el caso. Menem habló en cadena nacional como tributo a su hijo y prometió “no desfallecer para que Argentina siga creciendo y para que cada día podamos ser un poco más felices”. Faltaban dos meses para las elecciones. Menem ganó la reelección con casi el 50 por ciento de los votos. La causa fue archivada el 16 de octubre de 1998 por el Juez Villafuerte Ruzo, al considerar que se trató de un accidente, pues la nave se estrelló luego de golpear con cables de alta tensión, pero ante el pedido de Zulema fue reconsiderada por la Corte Suprema que en abril de 2001 decidió rechazar el recurso para reabrirla. Recién en 2010 la causa fue reabierta. Además de Zulema Yoma, varios sectores de la opinión pública también sospechan que no se trató de un accidente como se insistió en un principio, sino de un posible ajuste de cuentas o venganza por acuerdos político-mafiosos no cumplidos, basados en: que el desguace del helicóptero se hizo inmediatamente sin posibilidad de un nuevo peritaje, las mencionadas muertes relacionadas con la investigación y la falta de medidas concretas por parte del gobierno para esclarecer el caso. Una teoría es que se trató de un atentado en respuesta al apoyo argentino a Estados Unidos en la Guerra del Golfo iniciada en 1991, cuando Menem se jactaba de las “relaciones carnales” con el gobierno de George Bush (padre). El 8 de julio de 2014 el expresidente Carlos Menem, después de defender la teoría del accidente, realizó una presentación por escrito en la que manifestó “Luego de indagar y estudiar los hechos y circunstancias que rodean la causa –aunque inicialmente no fue así- llegué a la conclusión de que la caída del helicóptero y la consecuente muerte de mi hijo, fue el resultado de un atentado”.
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