Reforma laboral en debate: el análisis que pone en duda el impacto sobre el empleo

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Un análisis elaborado por el licenciado Marcelo Altamirano pone en debate uno de los argumentos centrales que sostienen los impulsores de la reforma laboral en discusión, que la reducción del costo laboral derivará en un aumento del empleo. Desde una perspectiva teórica y práctica, el economista catamrqueño plantea que, en un contexto recesivo, el problema no radica en el salario sino en la falta de demanda.

Altamirano advierte que “la muletilla preferida de estos días es que con la reforma laboral en ‘discusión’ se logrará una suba en el empleo por obra y gracia de la reducción del costo laboral”, una afirmación que, a su juicio, requiere ser examinada con mayor profundidad.

El ejemplo del restaurante y la demanda

Para ilustrar su postura, el economista propone un ejemplo. Un restaurante con capacidad para 50 cubiertos que, en una situación de recesión, reduce su demanda a 20 cubiertos diarios. En ese escenario, el dueño pasa de emplear cinco mozos a solo dos.

“La proposición en discusión es que ‘la disminución del costo laboral (salarios) genera empleo, incluso en un contexto recesivo’”, señala. Sin embargo, sostiene que aun cuando el Estado redujera cargas sociales o habilitara el pago de salarios más bajos, el empresario no tendría incentivos para contratar más personal si no aumentan los clientes.

“Es muy claro que el problema del restaurante no es el precio del trabajo (costo laboral), sino la falta de clientes”, afirma. Desde el punto de vista microeconómico, agrega que con solo 20 cubiertos “la productividad marginal de un tercer mozo es cero, no importa cuán barato sea contratarlo”.

Debate teórico: liberalismo y flexibilización

El análisis también expone los argumentos que podrían esgrimir economistas liberales o libertarios, particularmente vinculados a la escuela austríaca. Según esa visión, el desempleo no sería consecuencia directa de la recesión sino de la rigidez salarial impuesta por regulaciones o convenios colectivos.

De acuerdo con esa postura, si los salarios pudieran ajustarse libremente a la baja, el empresario podría ofrecer precios más bajos y así estimular la demanda. Asimismo, sostienen que una reducción de costos no implicaría necesariamente una pérdida para el trabajador si estuviera acompañada por un proceso de desinflación.

Altamirano, no obstante, cuestiona que esa dinámica se traslade automáticamente al consumidor. En una recesión, advierte, el empresario podría optar por sostener precios para preservar márgenes o cubrir costos fijos, como alquileres y servicios. En ese contexto, el supuesto efecto desinflacionario no se materializaría de forma inmediata.

Salario, consumo y demanda agregada

Uno de los ejes centrales del análisis es que el salario cumple una doble función. “El ejemplo del restaurante expone la principal debilidad empírica del argumento liberal. El salario no es solo un costo, es también la principal fuente de demanda”, sostiene el economista. Si todos los restaurantes redujeran salarios para abaratar sus menús, el poder adquisitivo general se contraería, afectando el consumo y la actividad económica.

En esa línea, afirma que “en una recesión por caída de la demanda agregada, la elasticidad del empleo respecto al salario es extremadamente baja o nula”. Por lo tanto, considera que reducir el costo laboral sin una recuperación de la actividad podría profundizar el circuito recesivo.

Referencias al contexto argentino

El análisis menciona estudios recientes sobre el mercado laboral argentino que, según indica, muestran que pese a la reducción del costo laboral en términos reales, producto de devaluaciones y caída del salario, el empleo formal no repuntó en un escenario de retracción del consumo interno.

También advierte que la promesa de mejorar los ingresos reales mediante la desinflación puede verse limitada cuando los precios de bienes no transables, como alquileres y servicios, presentan rigidez a la baja.

En conclusión, el economista plantea que la discusión sobre la reforma laboral no debería centrarse exclusivamente en el costo del trabajo, sino en el nivel de actividad económica y la dinámica de la demanda. Desde su perspectiva, sin un proceso de reactivación, la flexibilización podría no traducirse en mayor empleo.

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