Entre 2022 y 2024, grandes tecnológicas despidieron a más de 260.000 empleados argumentando que la inteligencia artificial realizaría esas tareas. Dieciocho meses después, el mismo sector recontrata a esos trabajadores, en muchos casos como consultores externos y a un costo mayor.
Entre 2022 y 2024, las principales empresas tecnológicas despidieron a más de 260.000 empleados. Google, Amazon, Microsoft y Meta justificaron las reducciones afirmando que la inteligencia artificial podía realizar esas tareas de manera más rápida y económica. Dieciocho meses después, el mismo sector comenzó a recontratar personal, específicamente a quienes habían sido despedidos, en muchos casos bajo la figura de consultores externos y con remuneraciones superiores a los salarios originales.
Analistas del sector denominaron a este fenómeno «efecto boomerang de la IA». IBM, que en 2023 redujo su dotación administrativa un 30% argumentando automatización, inició en 2025 la búsqueda de perfiles de gestión del conocimiento. Shopify, que en 2024 frenó contrataciones exigiendo justificar por qué una posición no podía ser cubierta por un sistema de IA, abrió en 2025 búsquedas para quienes supieran trabajar junto a esos sistemas. Duolingo despidió a gran parte de sus traductores en 2024 y debió reconstruir equipos editoriales humanos ante la caída de calidad percibida por sus usuarios.
El patrón identificado por analistas consiste en despido masivo, implementación acelerada de IA, degradación de la calidad, reconocimiento tardío del error y recontratación costosa. Según especialistas, la inteligencia artificial no reemplaza el conocimiento organizacional tácito, aquel que reside en las personas y no en los manuales, y que no se transfiere a un modelo de lenguaje mediante instrucciones.
El texto original, firmado por un licenciado en Informática y en Ciencia de Datos, perito informático forense, analista de seguridad de aplicaciones en el GCBA y profesor universitario (USAL), señala que este ciclo responde a decisiones tecnológicas tomadas con urgencia de mercado y sin un análisis de segunda vuelta. El autor concluye que la inteligencia artificial es una herramienta, y que el problema radica en quién toma las decisiones, con qué información y con qué horizonte temporal.
