El geólogo Lorenzo Parra, de la Universidad Nacional de Catamarca, informó que la provincia registró 19 sismos en 2026, con magnitudes entre 2,5 y 4 grados, y planteó la necesidad de actualizar el mapa de riesgo sísmico del INPRES.
El geólogo y paleontólogo de la Universidad Nacional de Catamarca, Lorenzo Parra, se refirió a la actividad sísmica de la provincia a 22 años del terremoto ocurrido el 7 de septiembre de 2004. Parra indicó que Catamarca se encuentra en una zona geológicamente activa debido al proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, que genera el levantamiento de la Cordillera de los Andes y una actividad sísmica permanente.
“Nosotros tenemos que tener presente que estamos en una provincia donde tenemos el 70% del territorio montañoso y que las montañas nuestras se están levantando, como lo vienen haciendo hace muchos millones de años. El levantamiento es sismicidad”, explicó Parra.
El especialista señaló que durante 2026 se registraron 19 sismos en Catamarca, con magnitudes que oscilaron entre 2,5 y 4 grados. Estos movimientos no alcanzaron la categoría de terremoto, aunque Parra consideró que representan una actividad sísmica relevante.
“En cuanto a magnitud, andamos en el orden de entre los 2,5 y 4 grados. Eso es una sismicidad importante, no tiene la categoría de terremoto, pero sí es importante”, sostuvo.
Parra planteó la necesidad de revisar la clasificación de las zonas de riesgo establecida por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES). Según su análisis, la zonificación actual podría no reflejar de manera suficiente la realidad sísmica provincial.
El geólogo ejemplificó con la distancia entre la zona cordillerana y el área de la Sierra de Ambato. Afirmó que, aunque la Cordillera figura con mayor peligrosidad, la actividad registrada en otros sectores indica que el riesgo no se limita a esa zona.
“Para mí, yo lo interpreto así, podría tender a que se vuelque más hacia la ciudad de Catamarca que hacia la parte donde antes ellos zonificaron solamente la Cordillera”, planteó. En ese sentido, consideró que “se tendría que recategorizar” el mapa de riesgo.
Parra explicó que en Catamarca se producen dos tipos de sismos: algunos con epicentros a gran profundidad, de aproximadamente 180 kilómetros, y otros a unos 12 kilómetros de profundidad, vinculados con fallamientos locales en la Sierra de Ambato y la Sierra de Fiambalá.
“Esos de 12 kilómetros de profundidad, ¿sabe dónde están situados? En la Sierra de Ambato o en la Sierra de Fiambalá. Eso significa que son sismos que no son producto directo de la subducción de las placas, son productos de fallamiento”, señaló.
Esta característica resultaría clave para comprender el terremoto del 7 de septiembre de 2004, cuyo epicentro se ubicó en la Sierra de Ambato y provocó daños materiales en distintos puntos de la provincia.
Parra indicó que la prevención no debe limitarse al recuerdo del terremoto de 2004. “Hay mucha gente que se relajó y es lógico. Hay cosas que pasan hace mucho tiempo y uno ya ni se acuerda. La gente se renueva, los chicos en la escuela se reciben, llegan nuevos”, explicó. Por ese motivo, sostuvo que la educación y los simulacros deben realizarse periódicamente.
El geólogo también señaló que, en una provincia con actividad sísmica, existen edificios e instituciones donde no se contemplan adecuadamente las condiciones para una evacuación segura. Mencionó como ejemplos al Centro Administrativo del Poder Ejecutivo (CAPE), la zona de la Legislatura y establecimientos educativos, donde deberían revisarse las salidas y la señalización.
