El 49,2% de los hogares con estrés económico recurrió a créditos en 2025

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Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA señala que casi la mitad de los hogares con ingresos insuficientes pidió dinero prestado durante 2025. El estudio también registra niveles récord de morosidad y una mayor incidencia en hogares pobres y de menor nivel socioeconómico.

El 49,2% de los hogares que durante 2025 tuvieron estrés económico, es decir, cuyos ingresos no alcanzaron para cubrir sus necesidades básicas, recurrió a créditos de familiares, amigos, financieras u otras fuentes para afrontar gastos cotidianos. Así lo indica un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Según el estudio, en el tercer trimestre de 2025, el 27,4% de los hogares del país recurrió a este tipo de financiamiento para sostener sus gastos habituales. En el caso de los hogares con estrés económico, el porcentaje ascendió al 49,2%, mientras que entre aquellos sin esa situación fue del 13,3%.

La pobreza también se asoció con un mayor endeudamiento: el 44,4% de los hogares pobres pidió dinero para gastos corrientes, frente al 22,4% de los no pobres. Por nivel socioeconómico, la proporción fue del 11,8% en el estrato medio-alto, del 23,2% en el medio-bajo, del 32,5% en el bajo y del 47,5% en el muy bajo.

El informe también señala que, entre los hogares que combinan pobreza y estrés económico, el 55,8% recurrió al crédito. Entre los no pobres con estrés, la cifra fue del 44,7%, y entre los pobres sin estrés, del 17,7%.

Territorialmente, la mayor incidencia del endeudamiento se registró en el resto urbano (30,6%), seguido por el conurbano bonaerense (29,7%) y las otras grandes áreas metropolitanas (26,5%). En la Ciudad de Buenos Aires, el porcentaje fue del 12,8%.

El ODSA afirmó: “La insuficiencia inmediata de ingresos aparece como el correlato más próximo del recurso al préstamo, sobre una vulnerabilidad estructural que la pobreza profundiza”.

Agustín Salvia, director del Observatorio, señaló que en 2024 se generó un clima de endeudamiento basado en la expectativa de una futura solvencia, asociada a la perspectiva de crecimiento económico. No obstante, explicó que detrás de esa dinámica persistía una fuerte debilidad financiera y que se estaba formando una burbuja de consumo sin que las condiciones macroeconómicas fueran sólidas.

El Banco Central registró en junio de 2025 una tasa de irregularidad del crédito bancario a las familias del 12,8% del saldo, frente al 2,5% con el que había terminado 2024. Al incorporar a acreedores bancarios y no bancarios, se estimó que en ese mes había 5,86 millones de personas con al menos una deuda atrasada. De ese total, el 17% debía menos de $100.000 y cerca del 40% adeudaba un monto inferior al salario mínimo, establecido en $367.800.

Una encuesta de Inteligencia Analítica señaló que, entre los principales motivos del endeudamiento, el 44,5% de los encuestados mencionó alimentos y productos básicos, y el 32% mencionó servicios, impuestos, alquiler y vivienda. Además, el 77,2% tomó una nueva deuda para cancelar una anterior en los últimos seis meses.

El ODSA concluyó que, si bien los resultados no demuestran que los hogares que pidieron dinero prestado en 2025 sean los mismos que cayeron en mora en 2026, vuelven comprensible el deterioro. “Cuando el crédito deja de adelantar un consumo durable y empieza a cubrir el presupuesto ordinario, cualquier pérdida de ingreso, aumento de gastos fijos o encarecimiento de la refinanciación reduce rápidamente la capacidad de pago”, remarcó.

“El problema, por lo tanto, no es el acceso al crédito en sí mismo, que puede ampliar oportunidades, sino su uso defensivo en hogares sin margen financiero y bajo condiciones costosas. La respuesta requiere combinar recuperación de ingresos y empleo, evaluación responsable de la capacidad de pago, información clara sobre los costos y mecanismos tempranos de refinanciación que eviten que un desajuste transitorio se convierta en sobreendeudamiento persistente”, planteó.

El Gobierno sostiene que la morosidad “es un problema entre privados” y adelantó que no planea medidas particulares para aliviar a los deudores. El ministro de Economía, Luis Caputo, declaró en la 47° Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF): “No podemos usar la plata de los contribuyentes para compensar a entidades financieras cuyo trabajo es dar crédito”.

Caputo consideró que parte de lo ocurrido responde a un proceso de aprendizaje: “Por mucho tiempo, los bancos no hacían de bancos, sino que le prestaban al Gobierno”.

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