El presidente estadounidense, Donald Trump, incrementó las hostilidades con miembros de la OTAN luego de la eliminación de su selección de fútbol en el Mundial, según declaraciones oficiales y registros de la cumbre en Ankara.
El 1 de julio, en Santa Clara, el árbitro brasileño Raphael Claus expulsó al delantero estadounidense Folarin Balogun en el partido ante Bosnia y Herzegovina, tras una revisión de VAR por una falta sobre Tarik Muharemovic. La sanción implicaba que Balogun no podría jugar el cruce de octavos de final contra Bélgica.
Donald Trump llamó personalmente a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para solicitar la revisión de la decisión. La FIFA suspendió la ejecución de la sanción por un período de prueba de un año, permitiendo a Balogun jugar. Trump afirmó: «Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia».
El 6 de julio, Bélgica goleó 4-1 a Estados Unidos y avanzó a cuartos de final. Balogun no registró intervenciones relevantes. Según reportes, jugadores belgas imitaron en el vestuario el baile característico de Trump al ritmo de YMCA. El primer ministro belga, Bart De Wever, declaró que el triunfo «le pegó fuerte» al mandatario y recordó que Estados Unidos es «el socio más grande de la OTAN».
Trump abandonó el partido cuando Estados Unidos perdía por tres goles y viajó en el Air Force One hacia Turquía para la cumbre de la OTAN en Ankara. Líderes europeos acordaron no mencionar el Mundial durante la cumbre, conscientes de que Trump llegaba «de mal humor» por la eliminación, según fuentes diplomáticas.
Durante la cumbre, Trump informó que llegaba «muy enfadado» por el fracaso mundialista. Sin que se abordara el tema futbolístico, reactivó dos conflictos: contra España, exigió cortar todo vínculo comercial, calificándola de «causa perdida» y «socio terrible»; contra Dinamarca, reavivó el reclamo sobre Groenlandia, a lo que la primera ministra Mette Frederiksen respondió que la isla «no está en venta».
Días antes de la cumbre, Trump publicó en Truth Social una foto de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con la leyenda «orden de alejamiento requerida», lo que generó indignación en el gobierno italiano. La tensión con Meloni se originó en el G7 de Évian y por la negativa italiana a sumarse a la ofensiva contra Irán.
Esa misma noche en Ankara, Trump anunció el reinicio de las hostilidades con Irán.
