En el oficialismo se reaviva el debate sobre la figura de Alberto Fernández como posible candidato, en un contexto de restricciones electorales y búsqueda de alternativas.
El kirchnerismo comienza a revalorizar la figura del expresidente Alberto Fernández de cara a las próximas elecciones. Aunque algunos referentes intentan disimular esta tendencia, el análisis de los movimientos internos sugiere que la idea de un candidato delegado vuelve a tomar fuerza.
La diputada bonaerense Teresa García reconoció en una entrevista con la periodista Nancy Pazos que se busca “un nuevo Cámpora” que oficie de delegado de Cristina Kirchner, en referencia al rol que cumplió Héctor J. Cámpora respecto de Juan Domingo Perón en 1973.
Alberto Fernández fue elegido en 2019 precisamente con ese objetivo: ser un “nuevo Cámpora” que ejerciera el vicariato del poder cristinista. La consigna “Alberto al gobierno, Cristina al poder” fue una versión contemporánea de aquella de los años ‘70.
Las diferencias entre ambos experimentos son notables. Mientras Perón estaba proscripto en 1973, Cristina Kirchner no lo estaba ni en 2019 ni en 2023; no encabezó las listas por decisión propia. Ahora, en cambio, tiene un impedimento insalvable: está condenada, con causas pendientes y no puede ser candidata.
Lo que buscan sectores del cristinismo no es exactamente “un nuevo Cámpora”, sino “un nuevo Alberto”: un dispositivo de profilaxis electoral que permita retornar a la Presidencia por interpósita persona. La pregunta que surge es por qué no se impulsa a Máximo Kirchner, hijo de la líder y jefe de La Cámpora, para ese rol.
El problema, según analistas, es que con los precedentes del albertismo no abundan los entusiasmados por ser instrumentos de Cristina. Sin embargo, no se descarta que el propio Alberto Fernández, pese a haber sido maltratado, pueda ser nuevamente considerado si recibe señales de acercamiento.
