El radicalismo y su cómoda bipolaridad

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viernes, 27 de febrero de 2026 02:09

El bloque de diputados de la Unión Cívica Radical emitió un comunicado de tono demagógico en el que busca mostrarse solidario y preocupado por los más de 50 trabajadores despedidos por Neba, sentimiento que bien puede ser legítimo, pero que luego exhibe una incoherencia argumental alarmante, exponiendo groseras contradicciones entre su discurso y las posturas que asume. Aunque se percibe cierto esfuerzo por repartir culpas sin pasar por alto la responsabilidad de las políticas nacionales, al mismo tiempo se procura trasladar acusaciones a la Provincia. Por caso, se expresa que “Catamarca no puede limitarse a observar cómo se pierden fuentes laborales sin activar mecanismos concretos de defensa del empleo y protección del entramado productivo local”, cuando al mismo tiempo emitieron ácidas críticas a cada programa o acción de incentivo al sector privado.

Pero hay un síntoma mayor de bipolaridad ideológica, cuando los radicales reclaman que “el Gobierno provincial debe asumir un rol activo, con gestión política real, presencia y acompañamiento efectivo a los trabajadores”, a la vez que el partido se ha convertido en el más sumiso aliado de las políticas libertarias que proponen la destrucción del Estado. Los legisladores nacionales radicales, como el senador Flavio Fama y el diputado Francisco Monti, antes de regresar a la provincia ya transformado en libertario, respaldaron todas las políticas de Javier Milei que derivaron en el industricidio en proceso. Quizás, la UCR debería replantearse esa postura y resultaría más efectivo que poner la mano en el hombro de los despedidos.

Es el Gobierno libertario el que abrió las importaciones sin previsión o planificación alguna y es también el Gobierno libertario el que asfixia a las empresas con una política fiscal de elevadísimos costos impositivos. Hoy todos los indicadores de la actividad industrial en el país son pésimos. La mitad de la maquinaria de la industria argentina está ociosa, las empresas optan por suspensiones de personal o despidos y cierres, porque no tienen posibilidad alguna de competir con los productos que llegan de afuera, para colmo en un mercado en brutal recesión. Hay una política imperante que apuesta por la especulación financiera destruyendo todo el entramado productivo, al tiempo que se desploma el poder adquisitivo de los trabajadores. Y el radicalismo, por acciones u omisiones, acompañó y avaló ese giro dramático en la identidad de la economía nacional. Consumados tamaños desastres, venir a poner cara de preocupación y expresar indignación roza el cinismo. Si se apoya cada medida, salir a lamentarse después por las consecuencias parece una burla.

El Esquiú.com

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