La distancia entre los indicadores macroeconómicos que exhibe el Gobierno nacional y la experiencia cotidiana de la mayoría de los argentinos se ensancha con el paso de los meses. Mientras desde la Casa Rosada se insiste en destacar la consistencia fiscal como signos de un presunto ordenamiento, en los hogares el diagnóstico es sensiblemente distinto: siete de cada diez argentinos consideran que atraviesan una mala situación económica y un 60% no cree que el panorama mejore en el corto plazo.
Los datos surgen de un relevamiento realizado por la consultora Proyecciones, que indagó sobre la percepción de los hogares respecto de su realidad económica y sus principales preocupaciones. Los resultados son coherentes con otros estudios que vienen mostrando el mismo fenómeno.
No se trata solo de percepciones subjetivas. La pérdida del poder adquisitivo de los salarios explica buena parte del malestar. En los últimos dos años, según datos sistematizados por el economista Nadín Argañaraz, el salario real del sector público registró una caída acumulada del 17,4%, mientras que en el sector privado registrado la retracción fue del 1,6%. Detrás de esos porcentajes hay miles de trabajadores que, aun conservando su empleo formal, vieron erosionada su capacidad de compra frente a una inflación persistente y a ajustes que impactaron con mayor fuerza sobre los ingresos fijos.
El endeudamiento dejó de ser un hecho extraordinario para convertirse en una práctica habitual, casi en un componente estructural de la economía doméstica. El endeudamiento dejó de ser un hecho extraordinario para convertirse en una práctica habitual, casi en un componente estructural de la economía doméstica.
Cuando los ingresos no alcanzan, la consecuencia inmediata es el endeudamiento. Según el estudio de Proyecciones, un 58,9% de los encuestados aseguró haber tenido que pedir dinero prestado para cubrir gastos del hogar. El recurso adopta múltiples formas: préstamos de familiares o amigos, uso intensivo de tarjetas de crédito, financiamiento a través de billeteras virtuales, créditos bancarios u otorgados por otras entidades financieras. El endeudamiento dejó de ser un hecho extraordinario para convertirse en una práctica habitual, casi en un componente estructural de la economía doméstica.
El creciente endeudamiento de las familias constituye una verdadera bomba de tiempo. Ante la insuficiencia de los ingresos, los particulares solicitan créditos que, en muchos casos, luego no pueden afrontar. Para cubrir vencimientos recurren a nuevos préstamos, generando un círculo vicioso que incrementa la fragilidad financiera de los hogares. Si no se produce un cambio drástico en el escenario económico en los próximos meses, el desenlace previsible es el corte de la cadena de pagos, con efectos que se propagan al conjunto de la economía y no sólo a los sectores hoy más golpeados por la persistente caída de los ingresos.
La única salida de fondo a esta problemática pasa por revertir la pérdida del salario real, que solamente es posible lograr a través de un crecimiento sustentable de la economía real, con expansión de la actividad, generación de empleo de calidad y políticas que fortalezcan la capacidad de consumo.
