martes, 20 de enero de 2026 19:05
La zona centro-sur de Chile enfrenta una de las crisis climáticas y humanitarias más graves de los últimos tiempos a raíz de los incendios forestales que afectan a las regiones de Ñuble y Biobío. Según confirmó el presidente Gabriel Boric, el número de víctimas fatales ascendió a 20, mientras que más de 50.000 personas debieron ser evacuadas ante el avance descontrolado del fuego.
La combinación de temperaturas extremas y fuertes vientos favoreció la rápida propagación de las llamas, lo que obligó al Gobierno chileno a declarar el Estado de Desastre Natural en ambas regiones para agilizar recursos económicos y logísticos. Además, se dispuso un toque de queda nocturno en las zonas más afectadas, con el objetivo de resguardar a la población y prevenir nuevos focos, incluso intencionales.
En el marco de la emergencia, bomberos y brigadistas de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) combaten al menos 14 focos críticos. En Ñuble permanecen habilitados seis albergues que asisten a unas 160 personas, mientras que en Biobío funcionan ocho centros que ya alojan a más de 700 damnificados.
El ministro del Interior, Álvaro Elizalde, advirtió que el escenario es “sumamente complejo” y que las proyecciones meteorológicas anticipan la continuidad de temperaturas extremas, lo que dificulta las tareas de control. En la misma línea, la directora del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), Alicia Cebrián, alertó sobre los riesgos para la salud y pidió a la ciudadanía evitar las zonas de emergencia.
Desde el ámbito político, el gobernador regional del Biobío, Sergio Giacaman, señaló que la situación supera en complejidad a la vivida tras el terremoto de 2010, mientras que el presidente electo, José Antonio Kast, llamó a la unidad nacional y a dejar de lado las diferencias políticas para concentrarse en la asistencia a los afectados.
Las autoridades mantienen activo el Sistema de Alerta de Emergencia (SAE), con al menos 87 mensajes de evacuación enviados a teléfonos celulares, mientras continúan los esfuerzos para preservar vidas humanas y contener una catástrofe que vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de la región frente al cambio climático.
