lunes, 19 de enero de 2026 01:30
Las noticias llegan desordenadamente, a veces mezcladas con desinformación y opiniones sin sustento, como es usual en esta época en que la proliferación de canales de comunicación marca también una crisis de calidad de fuentes y permite que cualquier rumor se difunda sin que el ciudadano común pueda discernir fácilmente entre verdades y falacias. No es tan grave, quizás, en otros campos, pero en cuestiones más delicadas, como la salud, los efectos del desconocimiento pueden tener consecuencias serias. Es en parte lo que comienza a ocurrir con la identificación de la H3N2K, la nueva variante de la gripe A, que está impactando en el hemisferio norte y que en poco tiempo se presentará con más fuerza en esta parte del mundo. La posibilidad de que se repita un traumático efecto similar al del covid, el temor de que los sistemas de salud colapsen y la certeza de que este virus se contagia mucho más fácil abren muchos interrogantes.
Los expertos médicos e infectólogos aclararon ya varias cuestiones. En primer lugar, y a diferencia de lo sucedido en la pandemia, la nueva amenaza no es un virus desconocido y, por ende, no se acerca al peligro que supuso el coronavirus. A diferencia de aquel 2020 marcado por la incertidumbre, hoy el escenario es otro. El H3N2 es un viejo conocido de la medicina. Lo nuevo es el subclado K, una mutación que lo vuelve más contagioso y algo más contundente, pero no impredecible. En este caso la información llegó antes que el virus y, por ello, es más seguro desplegar una estrategia de defensa. Con el covid, en cambio, se manejaba a ciegas y debieron transcurrir muchos meses hasta dar con la vacuna. En este caso, el antídoto ya existe y la vacuna antigripal actualizada llegará a la Argentina entre fines de febrero y comienzos de marzo. La nueva formulación, diseñada a partir de los virus que circularon en los países donde ya se transita el invierno, ofrecerá una protección del 60 al 65 por ciento, un porcentaje alto en términos sanitarios.
La clave será retomar algunas precauciones básicas: toser en el pliegue del codo, lavarse las manos con frecuencia y llevar siempre un barbijo a mano. Su uso en espacios cerrados, poco ventilados o con personas con síntomas respiratorios no es una exageración, sino una medida de cuidado. Y por sobre todo, hacer caso a los que saben, los profesionales de la salud. Más daño que cualquier virus o bacteria están haciendo los movimientos antivacunas, basados en noticias falsas. Detrás de este movimiento, la cobertura cayó a niveles críticos, hay muertes por tos convulsa y el sarampión y otras enfermedades controladas volvieron a circular. Por eso, para cuidarse hay que hacer caso a los médicos y no prestar atención a los aventureros que difunden teorías sin respaldo científico.
El Esquiú.com
