viernes, 28 de noviembre de 2025 02:04
El gobernador Raúl Jalil decidió finalmente integrar una alianza con mandatarios de otras provincias, cuyo reflejo más claro podrá verse en la próxima composición de la Cámara de Diputados de la Nación, y que tiene por objetivo fortalecer la voz catamarqueña para encontrar mayor eco en las demandas a Casa Rosada. La misma estrategia fue interpretada como el mejor camino posible por mandatarios de otras vertientes, a saber, los que gobiernan Salta, Tucumán, Misiones o Neuquén. Todavía resta saber algunos detalles: si todos conformarán un interbloque o si coordinarán acciones cada uno por su lado para reunirse en votaciones cuando las circunstancias lo ameriten. Pero ese efecto funcional es en todo caso posterior ante la consecuencia aritmética: el inmediato y automático debilitamiento de Fuerza Patria, el megabloque peronista que queda al borde del abismo y hasta puede dejar de ser la primera minoría en el cuerpo más poblado del Congreso.
Es toda una decisión, porque esa Fuerza Patria que viene de ser vapuleada en las urnas de casi todo el país, al mismo tiempo es la que reina inquebrantable en Catamarca desde hace tres lustros. De hecho, la única provincia en la que Fuerza Patria se impuso en las legislativas de octubre último fue en Catamarca, que ahora retiraría a sus electos legisladores nacionales del bloque. Así de grave es la derrota nominal, psicológica y anímica para el peronismo, que a nivel nacional no termina de digerir lo que ocurre. Puede equivaler a una caída estruendosa precisamente en el Congreso, que fue el ámbito donde Javier Milei y sus políticas conocieron los tropiezos más grandes y sonoros en lo que va de este 2025 que transita su epílogo.
Pragmatismo, oportunismo, supervivencia, inteligencia… Cada quien calificará la jugada como le plazca o como la entienda. Políticamente abre un nuevo escenario para Catamarca, que puede resultar vital en el tramo final de la gestión jalilista. Queda claro que el gobernador no tiene interés en convertir su gestión en una trinchera de resistencia ideológica, sino que optó por el camino que le permita conducir de manera razonable los dos años finales de su segundo y probablemente último mandato. El dialoguismo domina el ADN de Jalil desde siempre, y siguiendo esa línea no puede causar gran sorpresa su determinación. Por otro lado, es inútil disimular que marca una ruptura brutal con el kirchnerismo que supo cobijar a todo el peronismo catamarqueño y devolverlo a la victoria. En ese aspecto, acertada o no, la decisión resultará dolorosa para buena parte del oficialismo local. Incluso entre quienes piensan que se eligió el camino correcto.
El Esquiú.com
